miércoles, 10 de junio de 2009

Si quieres llorar, llora.



De pie, señores, su majestad, Roger Federer, completó su obra más imponente, la que nadie olvidará: ganó por primera vez Roland Garros, el único Grand Slam que le faltaba, e igualó el récord mundial de 14 títulos de la máxima categoría. ¿Qué más se le puede pedir? Nada o muy poco, según las exigencias de cada uno. El relojito suizo volvió a funcionar a pleno y le puso la cereza al pastel, ratificando ser el mejor tenista de la historia sin ninguna duda.

Al grito de "Roger, Roger, Roger...", el público francés le dio una gran ovación de esas que conmueven hasta las lágrimas. Y no sólo a él, a su grupo de trabajo, a sus familiares y a sus millones y millones de fanáticos, sino a muchísimos otros que vieron, en el mundo entero, cómo ese extraordinario talento consumó la hazaña por la que tanto sufrió y por la que tanto soñó. Como nunca antes y, probablemente, como nunca se repita, todos se rindieron a sus pies.

Llora Federer, desaoga todo eso que tenías dentro, has logrado lo más dificil en tu vida profesional, desde ahora todo será más tranquilo, jugarás con menos presión y podrás alcanzar todos tus objetivos.

Llora Federer llora, que todas tus pesadillas han pasado, no volverán a llamarte el tenista que nunca pudo ganar Roland Garros a pesar de los títulos que ya tenían, tampoco te volverán a decir o reprochar nada sobre tu estilo de jugar el tenis y no volverás a sufrir por algo que ya lograste al fin.

Si quieres llorar, llora, por que tu Federer, has cumplido todos tus sueños y expectativas, has conseguido lo que te faltaba, has endiosado a millones de fanáticos con tu tenis, has inmortalizado a París y a tu ser, te has convertido en el mejor tenista de la historia y te has puesto entre los grandes deportistas de la historia.